Es mínimo el esfuerzo que hacemos cuando
nuestros actos brotan del amor, porque es la energía del amor la que aglutina
la naturaleza. Cuando tratamos de
conseguir el poder para controlar a los demás, gastamos energía. Cuando
buscamos el dinero o el poder para satisfacer el ego, gastamos energía
persiguiendo la ilusión de la felicidad, en lugar de disfrutar la felicidad del
momento. Cuando anhelamos el dinero para beneficio personal únicamente,
cortamos el flujo de energía hacia nosotros e impedimos la expresión de la
inteligencia de la naturaleza. Pero cuando nuestras actuaciones nacen del amor,
no hay desperdicio de energía. Cuando nuestros actos brotan del amor, la
energía se multiplica y se acumula, y el exceso de energía que recogemos y
disfrutamos puede canalizarse para crear cualquier cosa que deseemos, incluida
la riqueza sin límites.


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